Por debajo de la mesa

 Esta es una canción que Armando Manzanero le compondría a Luis Miguel, para su disco de Romances de 1997. les dejo la letra y enseguida una historia que representa la canción

 

 Por debajo de la mesa, acaricio tu rodilla
Y bebo sorbo a sorbo tu mirada angelical


Y respiro de tu boca, esa flor de maravilla
Las alondras del deseo cantan, vuelan, vienen, van


Y me muero por llevarte al rincón de mi guarida
En donde escondo un beso con matiz de una ilusión


Se nos va acabando el trago, sin saber qué es lo que hago
Si contengo mis instintos o jamás te dejo ir


Y es que no sabes lo que tú me haces sentir
Si tú pudieras un minuto estar en mí


Tal vez, te fundirías a esta hoguera de mi sangre
Y vivirías aquí, y yo abrazado a ti


Y es que no sabes lo que tú me haces sentir
Que no hay momento que yo pueda estar sin ti


Me absorbes el espacio, despacio me haces tuyo
Muere el orgullo en mí


Y es que no puedo estar, sin ti
Me absorbes el espacio, despacio me haces tuyo


Muere el orgullo en mí
Y es que no puedo estar
Sin ti

 

Capitulo 1


Gustavo y Karla se conocieron en el trabajo, ella es contadora, parte de equipo de contabilidad, el es un proveedor externo, ofrece servicios de auditoría a la empresas que lo solicitan. Durante años Gustavo y su equipo había sido el encargado de llevar las auditorías de la empresa, una empresa que se dedicaba a vender todo tipo de plásticos.

Karla tenía 8 años ya en la empresa, treinta años, soltera, de cuerpo atlético, piel trigueña, siempre vestida de manera formal con pantalón de vestir, blusa que aun siendo discreta, se aprecia que tiene pechos medianos pero firmes y un saco que siempre combina con su pantalón, cabello rebelde color negro intenso que a veces lo trae sujeto por una coleta, otra veces, cuando se levanta más temprano se plancha el pelo. Tiene ojos claros, color miel, en ocasiones se llegan a ver verdes, tiene ojeras en las cuencas de los ojos producto de noches de desvelos, algunas pecas en la cara y unos labios carnosos, siempre maquillados con labial rojo. 



La forma de ser de Karla es cálida, exigente consigo misma, perfeccionista, cordial con las personas, alegre por fuera, pero melancólica cuando nadie la ve, un estricto orden en las cosas, pero un caos interno. Muchas experiencias amorosas pasadas, pero pocas experiencias buenas la han convertido en una persona muy cuidadosa y desconfiada

Gustavo es un tipo alto, ya entrado en los cuarenta, cabello largo, lacio, negro entre cano, más desenfadado para vestir, generalmente con zapatos juveniles, pantalon de mezclilla y camisa casual, casi siempre viste de azul, estatura promedio, delgado, piel morena clara, ojos oscuros, ojeras marcadas por noches sin dormir, y tambien marcaas por la edad, comienzan a salile las arrugas. 

La forma de ser de Gustavo es de trato cordial con todos, pero es reservado con su vida privada. Callado, introspectivo, de mirada triste, tiene muchas experiencias, ha estado casado, se divorció, nunca tuvo hijos. Es inteligente, culto, de buen gusto. Vive solo en un pequeño departamento de la ciudad, con su perro ya anciano que ha tenido desde hace ya diez años. Es un tipo amante de la rutina.

Durante más de dos años, Gustavo ha estado enamorado de Karla, ya la conocía, pero le parecía muy niña, muy inmadura, escuchaba sin participar en las conversaciones que tenía con sus compañeras de trabajo, otras contadoras mayores que ella y le parecían conversaciones muy sosas, típicas de cualquier niña que va empezando los veintes.

Pero un día, todo cambió, era el aniversario de la empresa y los empleados estaban invitados a salir más temprano y participar en un evento para conmemorar un año más de vida de la empresa, Gustavo no estaba invitado, pero si pudo ver como Karla se arregló para este evento.

La vio con un vestido negro entallado, lo suficientemente largo para no mostrar de más, pero lo suicientemente corto para apreciar sus muslos que a simple vista eran torneados, firmes y humectados, un escote discreto que alcanzaba a vislumbrar sus pechos pequeños pero firmes, un peinado elegante, maquillaje discreto, lo que nunca, traía un collar alrededor de su cuello, aretes discretos y unos zapatos negros de tacón.

A partir de ese día Gustavo guardaba la imagen de Karla en su mente y se le aceleraba el corazón, cuando la veía sentía una taquicardia, sudor en la manos y lo embriagaba un nerviosismo como tenía mucho que no sentía. 

Cuando salieron de la oficina, Karla lo miro, y con una sonrisa en los labios se despidió de él. Era viernes
– Hasta el lunes Gustavo, cuidate, le dijo Karla
– Hasta el lunes Karlita, diviértete,le respondió Gustavo tartamudeando.

Karla era consciente de su belleza y de su presencia, donde quiera que iba, siempre llamaba la atención de mas de alguno, y ella se daba cuenta, notó el nerviosismo de Gustavo y eso le gustaba.

Capitulo 2


Llegó por fin el día lunes, todo el fin de semana Gustavo se la pasó pensando en Karla, no podía quitarse de la mente ese vestido negro entallado y esos perfectos muslos, todo lo que quería era que ya fuera lunes para volverla a ver.

Cuando por fin llegó el lunes el le preguntó que tal se la había pasado en la fiesta y Karlita procedió a contarle algunas cosas, y el hizo como que la escuchó, pero en realidad solo estaba viendo sus labios. A partir de ese día, Gustavo trató de acercarse a ella, aunque, como era tímido le costó trabajo.

Tenía tiempo ya queriendo invitarla a salir, pero no se había animado, no había tenido el valor que se requería, le daba miedo el rechazó, pero tambíen le daba miedo el ridículo, el tartamudear, el ponerse nervioso, era algo que quería evitar, pero por otra parte, algo dentro de él sabía que tenía que hacerlo, que ya no iba a aguantar mucho tiempo.

Por fin, días después de la fiesta de aniversario de la empresa y después acercarse lo más que pudo a ella, la invitó tímidamente a salir, la invitó a un café cerca de la empresa, para conversar y ella para su sorpresa y algo totalmente inesperado, aceptó.

El café lleno de gente, el bullicio de conversaciones inteligibles, la música ambiental, música clásica, alguna de Verdi, Mozart, Tchaikovsky hacían el entorno perfecto, para una buena charla y conocerla un poco más. Ella pidió una tizana, él un chocolate caliente, el humo en espirales mostraba lo caliente de las bebidas. Pasaron conversando más de dos horas, hasta que los temas de conversación que alternaban entre trabajo y lo personal se terminó, vino un silencio incómodo, hasta que el lo rompió.


– Fue un placer que vinieras Karlita, muchas gracias por dedicarme un poco de tu tiempo
– Yo también la pase bien Gustavo, espero que no sea la última vez.

Ambos se despidieron, se subieron a su vehiculo y se fueron a sus hogares cada uno. El a su departamento con su perro, ella vivía aún con sus padres, aunque era independiente de ellos.

Capitulo 3. Por debajo de la mesa


Las salidas continuaron, a veces al mismo café, otras tantas salidas casuales, al bosque, a comer, a veces solo a caminar por ahí o al cine. Pero Gustavo quería más, ambos querían más, pero ambos se limitaban a sí mismos, quizá el miedo de Gustavo a quedar en ridículo, quizá el miedo de ella a ser rechazada, a tener una nueva mala experiencia, hacía que ninguno se atreviera a dar el siguiente paso. Pero Gustavo por fin se animó. Invitó a Karla a un restaurante elegante, de buen gusto, de manteles largos y copas de vino. Ella aceptó.

Esta ocasión era diferente, Karla también sabía al aceptar la invitación que este era el momento que estaba esperando, y decidió dejar su miedo al rechazo recostado en un diván, esperando en su casa, pero ese miedo no la iba acompañar esa noche.

Gustavo a su vez, también quería aprovechar la oportunidad, se vistió de traje, un traje colo marrón, camisa azul cielo, sin corbata y con el último botón de la camisa desabrochado, perfume que rara vez usaba, y zapatos café perfectamente boleados. Quería verse bien vestido, pero no tan formal.

Karla se vistió esa noche para seducir, un vestido rojo, también entallado como aquella ocasión, pelo planchado, sombras en los ojos, labios con carmín rojo, tacones rojos que combinaban con el vestido y un estilo único, destilando clase, sensualidad, belleza y también un poco de altivez.

Gustavo dejó en casa acompañando al perro su miedo al ridículo, total, era el todo o nada y si lo rechazaban hoy, al menos pudo disfrutar de una buena compañía unos días y también, no se quedaría con la pregunta que mata lentamente y para siempre de Y si…?

Gustavo pasó por ella, desde que la vió quedó deslumbrado con lo que veía, nunca había visto una mujer que le gustara más en la vida que Karla y no lo pudo disimular, Karla vió en Gustavo la expresión y  dentro sintió placer. Gustavo le abrió la puerta del copiloto del carro visiblemente nervioso, después de saludarla con un beso en la mejilla y expresarle lo hermosa que se veía. Karla también le dijo que se veía muy bien.

El trayecto al restaurante fue de silencios intermitentes, Gustavo no podía ocultar su nerviosismo y Karla no sabía que hacer para hacer sentir más tranquilo a Gustavo. Al llegar al lugar los recibió un hostess, que preguntó su tenían reservación. Gustavo asintió y al dar su nombre los llevaron a una de las mesas centrales de la planta baja del lugar. Piso de marmol, escaleras anchas con pasamanos negros de metal, mesas distribuidas con la suficiente distancia para no estorbarse y no escuchar conversaciones ajenas, un pianista tocando al fondo del lugar y un menú con nombres tan sofisticados difíciles de pronunciar.

Pidieron los platillos, que no tardaron mucho y una botella de vino tinto chileno, Gustavo cada vez se sentía mas confiado y la conversación por fin fluía correctamente, Gustavo contaba su vida, escuchaba la de ella y cada vez le gustaba más, cada vez el deseo aumentaba mientras comían esas exquisitas viandas que habían pedido.

La comida terminó, pero aun quedaba una última copa para cada quien, esa copa de vino tinto, y la seguridad que llegaba el punto de no retorno. Karla le dio un trago a la copa, mientras lo hacía Gustavo se perdía en su mirada, en esos ojos con delineador negro y con la mano, por debajo de la mesa acarició la rodilla de Karla. Karla lo vió, y tocó su mano y con cariño, puso la mano de Gustavo en su muslo para que también lo acariciara, mientras ambos se terminaban el trago.

– Quiero llevarte a mi casa, -dijo Gustavo, – quiero que continuemos la velada un poco más, más música, mas vino, mas tiempo contigo. ¿Me dejas?
– Claro, yo también quiero más tiempo contigo, la pasé muy bien.

Gustavo pidió la cuenta y se dirigieron a su casa. Ahí en su casa, Gustavo había anticipado el hecho y compro una botella de vino tinto, pensando que podía necesitarla. Abrió la puerta, bajó al perro del sillón y se sentaron a escuchar música y tomar vino.

El trago se acababa y Gustavo por dentro sentía el deseo de besarla, de arrancarle la ropa y hacerle el amor con desesperación, pero temía que si hacía eso, ella se molestara, lo rechazara y la perdería para siempre, era una lucha, entre el instinto y la razón.

Por fin vino el silencio, pero esta vez no fue ese silencio incomodo de las primeras veces, fue un silencio perfecto, donde Gustavo tomó el valor que le había hecho falta y beso a Karla, mientras Karla le contestaba el beso. Las ganas de arrancarle la ropa aumentaban, pero la razón lo llevó a besarla lentamente y con ternura, las manos de Gustavo recorrían el cuerpo de Karla, no con desesperación, sino con calma, los labios pasaban de los labios al cuello, sin prisa mientras que, en Karla también aumentaba el deseo. 

Gustavo sentía como su espacio personal era absorbido por Karla y como su sangre hervía, como su sangre era la gasolina de una hoguera inextinguible, que solo podía apagarse con el cuerpo de Karla.

La noche terminó, Gustavo despertó con Karla dormida en su pecho y por fin se sintió pleno, feliz, como hacía mucho no lo sentía.

No sé decirles si Karla y Gustavo siguen juntos, pero lo que si puedo decirles es que “Por debajo de la mesa” ya tiene una historia hecha canción





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